Alcoy ha aprobado solicitar la cesión gratuita de la antigua carretera nacional 340 a su paso por la ciudad. Como principal partido de la oposición hemos dado el apoyo por entender que la ciudad se beneficia de la operación: era una exigencia del ministerio para construir la rotonda de acceso al polígono de Cotes Baixes y, además, concede autonomía al Ayuntamiento para gestionar el tramo. Ese apoyo no impide una crítica contundente al retraso de diez años con el que llega este acuerdo. La cesión debería haber quedado cerrada en 2011, cuando finalizó la construcción de la Autovía Central. Y debería haber llegado acompañada de una compensación económica. Ni una cosa ni la otra sucedieron, pese a que el alcalde llegó a apalabrarlo con el ministerio antes incluso de acceder al cargo. Parece que luego se olvidó.

La cesión de la carretera es un claro ejemplo de la desidia del Gobierno de Alcoy, del PSOE, insolvente durante 10 años para dar solución a los problemas de la ciudad. Como si no fuera cosa suya. Como si no fuera con ellos. El resultado es una paralización con serias consecuencias en todos los ámbitos. No hay más que verlo. Ni el alcalde ni sus concejales se despeinan al constatar que en una década han sido incapaces de sacar adelante el Plan General. Vistos los numerosos informes contrarios que va acumulando ese documento, no se antoja una fácil y rápida solución. Eso sin contar que aún no ha comenzado a tramitarse la segunda parte: el plan pormenorizado. Aunque parezca no importarles, la realidad es que cualquier desarrollo de la ciudad sigue bloqueado.

No le cae la cara de vergüenza al PSOE por mantener sin resolver los grandes contratos de la ciudad: el de abastecimiento de agua y el de transporte público. Ambos contratos están caducados y, pese a la insistencia de la oposición, el Gobierno no ofrece solución. ¿Cuál es el resultado? Un servicio tan obsoleto como el precio que pagan los alcoyanos, lo que resulta absolutamente intolerable. Nadie explica por qué el PSOE renuncia a ofrecer un servicio moderno, eficaz y eficiente a menor coste para los alcoyanos.

Diez años dan para que los vecinos acaben por tomarse a broma cada una de las ocurrencias que el PSOE ha tenido sobre la manzana de Rodes. Proyectos, maquetas y viajes a Suecia en busca de inspiración luego no aplicada han marcado la gestión de lo que parece un faraónico proyecto de arquitectura pero vacío de contenido. Rodes nace obsoleto. Llega tarde, como todo lo que hace el PSOE. Es una temeridad invertir 11 millones de euros para ofrecer espacios al sector digital y tecnológico, que precisamente ha hecho del teletrabajo su principal factor competitivo en el nuevo mundo generado por la pandemia. No parece que sea una opción digna de la inteligencia de una ciudad smart, capaz de desperdiciar 1,2 millones en la reforma de Entenza mientras el Centro se cae en pedazos.

El PSOE se muestra también incapaz de atacar problemas pendientes, heredados de anteriores gobiernos. Ahí está La Rosaleda o la urbanización de Serelles. En el primer caso sigue prolongando posibles soluciones: en diez años ni siquiera tiene un proyecto definido. En el segundo, incrementa todavía más el conflicto al tratar de adjudicar una obra de forma irregular, como es el puente que debe dar acceso a la urbanización inacabada.

Es evidente que el PSOE está empeñado en no cerrar las herencias de anteriores gobiernos. Está convencido de que no cerrarlos es una forma de castigar al PP. Olvida, no obstante, que a quien realmente está castigando es al conjunto de la ciudad. Si llevas diez años gobernando y no eres capaz de resolver los problemas, esos problemas son tuyos. En resumen: o aportas o te apartas.

Lo mismo se puede decir del bulevar. Lo único que ha hecho el PSOE en diez años es cambiarle el nombre. Ahora es la vía. Está claro que para el PSOE diez años no es nada. Nada. Eso es, a este paso, lo que nos va a quedar en la ciudad. Por eso es momento de revolverse ante la apatía de este Gobierno y empezar a exigir responsabilidades por su clamorosa falta de iniciativas, trabajo y gestión.

Es tiempo de ofrecer una alternativa de ilusión, esperanza y compromiso para Alcoy. Una alternativa moderna, innovadora y ambiciosa que, sin complejos, plantee respuestas directas a los retos que preocupan a las personas y encauce el futuro de la ciudad. Una alternativa, en definitiva, que haga buenas las palabras de Theodore Roosevelt (pronunciadas, por cierto, un 23 de abril): un nuevo equipo de personas en el gobierno cuyo “lugar nunca estará entre esas almas pusilánimes y frías que no conocen ni la victoria ni la derrota”.

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