El verbo rendirse no figura en el vocabulario de los alcoyanos. Así ha quedado demostrado a lo largo de la historia de una ciudad que ante cada dificultad ha exhibido el extraordinario carácter de su gente para vencer el miedo a la incertidumbre y adaptarse a los nuevos tiempos. En esta crisis del coronavirus no va a ser menos. Alcoy volverá a superarse para salir adelante gracias al ímpetu de los ciudadanos y al impulso esencial del Ayuntamiento.

No nos cabe la menor duda de que lo vamos a conseguir. Juntos, aunque desgraciadamente no todos. La pandemia nos deja un vacío demasiado extenso: el de los alcoyanos y alcoyanas que se ha llevado por delante. Compartimos el duelo de las familias y amigos que lloran a quienes ya no están con nosotros. La primera muestra de solidaridad debe centrarse necesariamente en esos familiares. Especialmente, por la concentración de víctimas, en los de los más de 50 fallecidos en el geriátrico de Oliver durante las últimas tres semanas. Nos desgarra el alma escuchar cómo, desde la obligada lejanía, han contemplado con rabia e impotencia el ocaso de sus seres queridos entre las paredes de un hospital construido hace siglo y medio para garantizar la atención de los enfermos más desfavorecidos.

A los familiares, como a toda la sociedad, les queda el convencimiento de que sus mayores han recibido hasta el último momento el más sensible de los cuidados de los profesionales del geriátrico. Igual que los centenares de afectados que han sido tratados por los excelentes profesionales del hospital Virgen de los Lirios, donde otras personas también han perdido la vida desde principios de marzo. La labor de esos profesionales ha conseguido que la mayor parte de los afectados haya ganado la batalla a la enfermedad.

Nunca agradeceremos lo suficiente a los trabajadores sanitarios el valor que muestran al poner en práctica su vocación y en riesgo su salud para proteger nuestras vidas. Los aplausos que resuenan cada tarde son, aparte de justo reconocimiento, una carga cívica de ánimo para que sigan escribiendo nuevas historias de superación del virus.

El agradecimiento y la admiración se expanden hacia quienes ejercen también en primera línea manteniendo el latido de la ciudad en el transporte público, en las tiendas y en los mercados, en las comisarías, en los kioscos y en los medios de comunicación. Y, cómo no, a los trabajadores municipales: desde la brigada de obras hasta el personal de Servicios Sociales, sin olvidar a la Policía Local, que coopera con el resto de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Gracias por mantener ese hilo de vida en medio de la triste soledad de las calles.

La vida se engendra también en los talleres y en las fábricas que ponen al servicio de la sociedad el conocimiento legado por siglos de industria. Asistimos, además, a una cadena de donaciones forjada por la altruista voluntad de proteger a quienes hemos confiado nuestras esperanzas. El virus, pese a su devastadora presencia, ha diagnosticado las formidables cualidades de nuestra ciudad. Son un símbolo de victoria.

Pero aún debemos conseguir un segundo triunfo. Por quienes ya no están con nosotros, por quienes no dejarán de trabajar hasta caer exhaustos, por los niños que resisten desde los balcones y por los mayores que, solos en sus casas, anhelan vivir un nuevo día, desde el Ayuntamiento tenemos la responsabilidad de ofrecer una respuesta ágil y eficaz a las emergencias que comportará esta crisis sanitaria: la emergencia económica y la emergencia social. Debemos aportar confianza a los trabajadores afectados por expedientes de regulación que ven con incertidumbre su futuro. Debemos estar lado de los comerciantes que desde hace semanas mantienen cerrado su negocio. Estamos obligados a dejar de lado el interés partidista para centrarse en atender con honestidad las demandas de los vecinos.

Por la vía de la bonificación de impuestos el Ayuntamiento puede descargar lastre a las empresas y a las personas que se han quedado sin empleo. A través de la ayuda directa puede ejercer de respirador para los autónomos y las pequeñas empresas. Y mediante incentivos directos a las familias puede promover la reactivación del consumo en el comercio local.

Llegaremos hasta el final para cumplir con lo que los alcoyanos esperan de la administración más cercana. Es ahora cuando debemos dirigir todos nuestros esfuerzos en demostrar la fuerza del Ayuntamiento para salir de esta crisis sin que nadie quede por el camino. Sumamos ya demasiadas bajas. Alcoy ha realizado un formidable esfuerzo. Les garantizamos que la lucha no habrá sido en vano y que trabajaremos para convertir esta crisis en una oportunidad de cambio y progreso ante el nuevo escenario que se nos presenta.

Por eso nos comprometemos a que, en cuanto superemos la emergencia sanitaria, repensemos juntos la ciudad con el objetivo de afrontar el futuro con ilusión. Asumamos el reto de rediseñar Alcoy como un nuevo espacio para la vida, para la actividad económica y para la creación industrial. Igual que hicieron nuestros antepasados en otros tiempos de crisis. Porque, téngalo claro, no vamos a consentir que esta generación sea la que introduzca el verbo rendirse en el diccionario de nuestra historia.

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