Artículo de opinión del portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Alcoy, Quque Ruíz, para el anuario del periódico El Nostre

Entiendo que a usted, que tiene entre manos este anuario, le importen un carajo las miserias del portavoz del principal partido en la oposición. No es para menos, teniendo en cuenta que usted ha llorado la muerte del familiar cuyo bienestar había confiado al geriátrico de Oliver, convertido, con 73 fallecidos, en la residencia con el brote de Covid 19 de mayor mortalidad de toda España.

Acepto que no quiera escuchar los lamentos del concejal de turno precisamente usted, que, como consecuencia de la terrible pandemia que nos ha asolado, ha visto cómo se esfumaba su trabajo y se convertía en una de las 4.689 personas afectadas por uno de los 704 ERTEs solicitados en Alcoy. Usted, fíjese, que está a un paso de sumarse a los 5.700 parados registrados en la ciudad.

Comprendo que tampoco esté para sermones usted, que comenzó el año viviendo en un edificio del Centro histórico, cerca de donde poco antes habían plantado una propagandística casita de cartón, y que en apenas unos fatídicos días de enero vivió un traumático desalojo mientras escuchaba el estruendo provocado por el desplome de las casas de la calle de abajo.

Bastantes preocupaciones ha tenido durante este 2020 usted, que cada día echa el resto para levantar la persiana de su negocio, como para soportar que el cansino político de siempre le recuerde que Alcoy ha perdido el 16% de las industrias que tenía en 2012.

Ya ha sufrido bastante también usted como para, encima, aguantar que el cansino concejal le recuerde que su ayuntamiento ha perdido una subvención de 500.000 euros para rehabilitar las antiguas fábricas de El Molinar o que el nuevo campo de fútbol del polideportivo está construido sobre terrenos privados, con cuyos dueños va a negociar ¡ahora! la compra del suelo. Entiendo que para usted, me refiero a cualquiera de los ustedes anteriormente citados, estos asuntos sean menores, banales o intrascendentes. Es lógico.

Por eso me limito a ponerme a disposición de usted para conseguir, al menos, que no aumenten sus preocupaciones. O mejor, para no convertirme en una de ellas. Aprovecho, eso sí, para instarle a que, cuando se levanten las restricciones, nos podamos abrazar con la fuerza que merece una sincera muestra de solidaridad por lo vivido en este aciago 2020.

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